No soy muy partidario de llenar el blog de reseñas porque no se me dan demasiado bien y además ya existen muchas páginas donde las comparto con más visibilidad, como Goodreads para libros y Filmaffinity para cine. Pero he decidido dedicarle un artículo a esta película (que no tiene nada que ver con esta otra obra maestra de 1931) porque tiene muchos puntos interesantes para reflexionar. Lo he dividido en dos partes, porque hay dos aspectos que me han gustado mucho, y es raro encontrar una combinación equilibrada de ambos.

Cartel promocional

Freaks [2018] dirigida por Zach Lipovsky y Adam B. Stein. Pulsa en la imagen para más información.

La forma

Si no te interesa mucho la literatura puedes saltar directamente a la siguiente sección…

Hay historias que juegan al despiste, a engañar al espectador o lector para sorprenderlo. Sorprender al público siempre me parece buena idea, a fin de cuentas, se trata de entretener. Incluso si con tu historia quieres transmitir una enseñanza o provocar una reflexión, la sorpresa y el desconcierto es una forma eficaz de mantener la atención.

Freaks comienza como una película en la que no entiendes nada. Sin spoilers, puedo contar que es la historia de un padre que mantiene a su hija aislada en casa para protegerla de algo. Algo que ni tú ni la niña sabéis qué es.

Como decía, jugar al despiste es interesante pero es muy, muy arriesgado. Porque si basas tu historia en ocultar información al espectador es fácil caer en un error imperdonable: que toda la gracia de la historia esté en las sorpresas que el autor decida revelar.

El ejemplo más obvio que se me viene a la mente es la película El Sexto Sentido. Si le quitamos el giro del final (que además no es para tanto) el resto me parece aburridísimo, una mera excusa para mantener al espectador desconcertado. No digo que la película sea mala, pero no es lo que yo busco.

Otro ejemplo de despistes mal llevados es, y perdonad el sacrilegio, el final de 2001. ¿Hay necesidad de ponerle al espectador una imagen enigmática de un embrión y un señor en un hotel para que no se entere de nada? El libro lo explica todo de forma muy clara, incluso didáctica, y la historia es igual de brillante. Esto en literatura se conoce como Deus Ex Machina y es el demonio a evitar.

OPINIÓN CONTROVERTIDA: Kubrick es un tramposo. Y de Shyamalan ni hablamos…

Hablo de literatura y cine indistintamente porque para el caso es igual.

En cualquier caso, en esta película no hay ninguna gran relevación al final. Simplemente, en los primeros minutos deja al espectador un poco descolocado, sin entender del todo lo que ocurre alrededor de los protagonistas, y lo va aclarando poco a poco, sin que esa ocultación sea crucial en la trama.


Portada de la Invasión Divina Hay un libro, que considero una obra maestra, y me vino a la cabeza viendo esta película. La Invasión Divina, de PKD. El protagonista narra lo que le ha pasado pero no lo hace de una forma totalmente verídica ni objetiva. Lo que cuenta es lo que recuerda mientras está en suspensión criónica, por lo que entremezcla el pasado (presuntamente real) con las distorsiones y sonidos que percibe en su estado de sueño.

No es más que una capa adicional sobre la historia, un giro estético del que se podría prescindir sin problema pero le da al libro un sello personal y un punto extra de originalidad.

De Freaks me ha gustado mucho que también consigue ese difícil equilibrio entre la extravagancia y el contenido. Y todos estos párrafos no eran más que para alabar y recomendar las dos obras. 😉

El contenido

Ahora vamos al meollo. Sin spoilers importantes.

En el mundo que presenta Freaks conviven personas normales y personas raras. De ahí el título. Las personas raras podrían ser una minoría social, racial, laboral… tampoco tiene mayor importancia. Hasta ahí es una premisa repetida hasta la saciedad. Los personajes y situaciones que presenta también son muy arquetípicos, pero eso da pie a jugar con los protagonistas y enfrentarlos a conflictos.


La primera reflexión que se puede hacer es clara: Siempre han existido minorías. Y siempre existirán. Es natural, es ley de vida e inevitable.

A lo largo de la historia el poder ha estado, habitualmente, al servicio de las mayorías. También es natural que mute y que las minorías acaben consiguiendo un trozo del pastel.

En esta historia de padre, hija y algunos más que nos presenta la película vemos diferentes formas de luchar contra la opresión. En este caso la opresión de la mayoría, los normales representa un riesgo de muerte. No es algo descabellado. En el mundo real cualquier característica que se salga de la norma habitual tiene, o ha tenido, una mayoría dispuesta a erradicarlos. Podría hablar de homosexualidad, de religiones (que a día de hoy aún conllevan un riesgo real), pero es que incluso hay rasgos mucho más insignificantes, como el pelo rojo o el uso de la mano izquierda, que han sido motivo de persecución.

Nunca está de más pararse a pensar que nuestra sociedad actual, con todas sus miserias, es un poco mejor de lo que ha sido en otras épocas. Y también, que este pensamiento no sirva para darse por satisfechos.


Este es un asunto que últimamente me ha interesado mucho. En la novela que estoy escribiendo ,y de la que hace tiempo compartí un fragmento que puedes leer aquí, también juego con estas ideas y expongo (de manera más o menos acertada, eso ya lo veremos) el resultado de mis elucubraciones.

Freaks nos presenta algunos dilemas y distintas formas de afrontar la posición de inferioridad.

Opción A. Esconderse

Desde el primer momento, lo único que queda claro de nuestro protagonista es que se esconde. No solo trata de permanecer oculto ante la amenaza exterior, sea cual sea, sino que intenta transmitir esa lección a su hija.

Esconderse ante la adversidad es lo primero que nos pide nuestro instinto, así que no voy a criticar al personaje, porque posiblemente yo haría lo mismo. Pero mirándolo tras la cuarta pared, esconderse no parece un método de supervivencia muy duradero. Antes o después te van a encontrar, porque nadie puede sobrevivir eternamente metido en una cueva.

Opción B. Pasar desapercibido.

Esta es otra vía que se explota en el desarrollo de la película. Si tus peculiaridades no son demasiado visibles y te van a traer problemas, puede ser buena idea esconderlas. No esconderte tú, sino esconder tus diferencias y hacerte pasar por alguien normal.

Esta estrategia la ha (hemos), llevado a cabo muchísimas personas por cualquier razón en algún momento de nuestra vida.

El clavo que sobresale se lleva un martillazo.

Pasar desapercibido tiene sus ventanas y sus inconvenientes, como todo. Las ventajas creo que están claras. Los inconvenientes no tanto.

El primero es que ocultar las características únicas de cada uno es un desperdicio enorme de talento. Sin irme a asuntos escabrosos, un ejemplo tonto: ¿cuántos niños prefieren no sobresalir en el colegio para que no se burlen de ellos?

El segundo inconveniente, y esto lo digo en serio, es la infelicidad. Cuando uno esconde su verdadera esencia, puede que temporalmente esté tranquilo y en paz con el mundo, pero eso no es más que un espejismo, porque la represión produce insatisfacción y la insatisfacción produce infelicidad. Y esto que parece una ecuación matemática sí es un una teoría mía: La infelicidad es un campo escalar, se comporta de forma parecida a la presión atmosférica, tiende a expandirse y si el valor en un punto es muy alto rompe las barreras que lo contiene.

Otro ejemplo: ¿cuántas personas han escondido sus verdaderas preferencias sexuales y han vivido casados con alguien a quien de verdad no querían? Por miedo a salir del armario, porque pensaban que hacerlo era un riesgo demasiado grande. Posiblemente estaban en lo cierto, pues hasta hace poco el matrimonio entre personas del mismo género ni era posible en este país, que a fin de cuentas, es civilizado y del primer mundo. En el momento en que la insatisfacción es demasiado grande, no se exterioriza y se intenta disimular normalidad… el globo explota.

Carátula The Green Book

De todas formas, la orientación sexual se puede disimular. Pero ha habido otras minorías que no lo han tenido tan fácil. Por ejemplo, las comunidades con un color de piel visiblemente diferente. Si eres negro no te puedes hacer pasar por blanco, por mucha actitud que pongas. Para eso voy a recomendar otra película: Green Book / El Libro Verde. A esos no les quedaba otro remedio que seguir otras estrategias…

Opción C. Luchar

Pelear y usar la fuerza para imponerse es más antiguo que el ser humano, tan antiguo como el primer animal. En España no hemos vivido una lucha racial como, por ejemplo, en Estados Unidos, que es el ejemplo obvio, pero estamos viviendo algo parecido en Cataluña. Yo no voy a juzgar ni a opinar de este tema, que el artículo no es para eso, solo quiero exponer e invitar a la reflexión. La minoría, lleve razón en su propuesta o no, se está sintiendo {ignorada} (o ponga aquí la palabra más adecuada) por la mayoría. Con la mayoría me refiero al resto de la población del territorio español, que es la que dadas las circunstancias cuenta para acceder o no a sus peticiones. Como esa minoría no encuentra forma de convencer al resto, han surgido grupos que lo intentan hacer por la fuerza.

Además, esas son las reglas de la democracia. La mayoría manda. La minoría acata. Esa regla, con más o menos variantes, se aplica en cualquier gobierno: la aplican en las comunidades de vecinos, la aplican los niños para decidir a qué van a jugar en el recreo, la aplicamos cuando vamos a comer en un restaurante y alguien dice ¿pedimos tal cosa, a quién le gusta y a quién no? Estamos muy acostumbrados, más de lo que parece, a votar y a respetar las decisiones.

Opción D. Infiltrarse

¿Cómo se ha llegado a aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo en España y en un montón de países?

¿Qué ha pasado en EEUU para tener un presidente negro si hace poco ni tenían derecho al voto?

Sobre la primera pregunta, mi visión es esta: La comunidad gay puede representar aproximadamente un 10% (este dato me lo invento totalmente a ojo) de la población. Obtener la mayoría para aprobar una ley que aporte un derecho a una comunidad tan reducida es sencillamente imposible. ¿Cómo se ha conseguido entonces? De los diputados que votaron a favor de esa ley, la mayoría no eran homosexuales. Sin embargo, la mayoría estaban a favor, o bien porque habían empatizado, comprendido o respetado esa petición, o bien porque de alguna manera, la aprobación les iba a repercutir de forma positiva. Ya sea por la satisfacción de ver reconocidos los derechos de un familiar, amigo, o simplemente por la satisfacción de actuar de acuerdo a sus propios valores.

Por eso, igualmente es imposible (nunca digas nunca, pero me lo parece) que un partido que reclame la independencia de una región consiga una mayoría a nivel estatal. Sin embargo, que el resto también apoyen sus ideas no es en absoluto imposible, es cuestión de tiempo, de empatía y de voluntad. Si la voluntad sólo se da en uno de los dos lados, por supuesto, que todo se complica. Pero me parece que está claro que ni la imposición ni lograr la superioridad numérica son la únicas vías. Y repito que no pretendo juzgar ni mucho menos dar consejos, yo tengo mi opinión y creo que todas son respetables, me limito a contar cosas que han pasado y cómo han funcionado, porque en muchas ocasiones podemos aprender de lo más inesperado.

Infiltrarse parece una palabra muy negativa, igual no es la más adecuada, podríamos poner integrarse, colaborar, trabajar desde dentro o incluso hacerse querer.

Repito la pregunta: ¿Qué ha pasado en EEUU para tener un presidente negro si hace poco ni tenían derecho al voto?


Algo que la película explota solo de pasada es el aprovechamiento del talento. A fin de cuentas, la evolución se basa en probar al azar pequeños cambios hasta que resulta que algunos de ellos son beneficiosos para la supervivencia. A un nivel más llano, podríamos decir que lo exótico también puede tener su punto atractivo y quien lo sabe aprovechar, es capaz de darle la vuelta a la situación.

Si no que se lo digan RuPaul, que ha conseguido llevar a la comunidad Drag de actuar en sótanos clandestinos a ganar unos cuantos premios Emmy. Igual que en el circo de La Parada de los Monstruos. ¿Monstruos? Sí, pero los normales pagáis por vernos.

O a las personas pelirrojas, que según época y lugar se han considerado brujas o símbolos sexuales.


Volviendo a mi libro, la teoría de mi personaje es que los intereses de los seres humanos son difusos, que el campo de la felicidad y sufrimiento se emborronan y se transmiten de forma invisible a los que hay cerca. Es una forma muy fantasiosa de verlo, pero lo que es indudable es que el ser humano es terriblemente cooperativo. Está en sus genes y en su estructura cerebral.

Hay un factor a tener en cuenta y es que además de cooperativo, el ser humano tiene un punto (probablemente) innato de solidaridad, que lo lleva a proteger a los desfavorecidos, que suelen estar identificados con las minorías. Ahí entra en juego un mecanismo de acción/reacción y retroalimentación que también se ha repetido incansablemente en la historia.

Opresión ➡ Visibilidad ➡ Solidaridad..

El lado oscuro de este ciclo es que parece que la solidaridad parece estar impulsada por la lástima, no por las verdaderas necesidades. Por eso hay comunidades de personas, como comentaba más arriba, que han luchado y siguen haciéndolo, por ver reconocidos sus derechos; y sin embargo, ya existe legislación sobre el Derecho Animal cuando los propios animales, obviamente, no lo han pedido. Pero sí hay otros que hablan en su nombre. Lo único necesario para que intercedan por tu grupo minoritario es despertar simpatía. Ahí lo dejo.

Conclusiones

Más arriba que dicho:

A lo largo de la historia el poder ha estado, habitualmente, al servicio de las mayorías.

Al servicio de las mayorías y no en manos de las mayorías que no es lo mismo. Porque, a decir verdad, el poder suele estar en manos de una minoría, de una élite.

Tradicionalmente, la historia del mundo la han escrito las familias reales, los estrategas militares, los grandes dirigentes. Cuando estudiamos la historia de un país, basta con que conozcamos a un puñado de personas, de las clases altas.

Pero si el poder está en manos de una élite, también hay que decir que esta élite sólo puede sustentarse si usa su poder (ahora parece que hablo de magia o de novelas de fantasía) si lo emplea para mantener satisfecha a la mayoría, que los mantiene en lo alto de la pirámide. Cuando no es así, el globo explota y ocurren cosas.

Ursula K. Leguin reflexionó mucho sobre este tema y en su saga Terramar comienza contando aventuras de magos, reyes y gente poderosa que da forma al mundo, y acaba trasladando el protagonismo a los personajes más denostados y marginados, los que no parece que tomen decisiones cruciales pero sin embargo son el sustento. No recuerdo el artículo en el que ella hablaba sobre esto, pero si lo localizo lo colocaré aquí porque da un punto de vista muy interesante.

Soy consciente de que mi manera de pensar es un poco retorcida y puedo haber dicho muchas tonterías, pero con todas estas vueltas intelectuales solo llego a la conclusión de que todos los conceptos opuestos no son tan opuestos.

Pasar de la lucha a la cooperación es como darle la vuelta a una moneda, pero son caras de la misma moneda. La cooperación se basa, precisamente, en aprovechar las diferencias, en que cada una de las partes ofrezca algo que la otra no tiene. Y la manera en que cada uno gestionemos nuestras propias rarezas puede definir nuestra vida.