Portada del relato

Atamai nunca se ha alejado de la costa porque no creía posible vivir sin sumergir sus pies en el mar.En su viaje conocerá pueblos con una forma de pensamiento muy diferente, que hablan con palabras desconocidas y tienen creencias extrañas.

Sin desvelar mucho, porque me parece más interesante mantener la intriga, Salado es un relato que se podría calificar como especulación antropológia o lingüística-ficción. Es una reflexión, partiendo de la fantasía, sobre el sentido de pertenenencia comunidad frente a la individualidad, incidiento en palabras que representan conceptos inmateriales, que solo tienen sentido en un contexto colectivo.

En este artículo voy a explicar las ideas que hay detrás del relato y cómo ha sido el proceso de escritura.

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Ideas

La historia que presento en el relato es la de un neanderthal que emprende un viaje y acaba viviendo entre sapiens. Es sabido que estas dos especies compartieron territorio y que se mezclaron. Lo que no está claro es qué términos lo hicieron, si había una convivencia pacífica, una competición territorial, esclavitud, relaciones comerciales o de beneficio mutuo…

Mi punto de partida para el relato es una posible diferente forma de pensar entre ambas especies, e intentar meterme en la mente de nuestros ancestros.


Portada del libro Sapiens La premisa de la que parto es la teoría que Yuval Noah Harari presenta en su libro Sapiens1, que se puede resumir (muy, muy brutalmente) en: la principal diferencia que permitió al Homo sapiens prevalecer sobre el Homo neanderthalensis fue el desarrollo del sentido de comunidad.

El libro, que me parece una joya imprescindible y de lectura obligatoria, profundiza enormemente, documenta y argumenta esta y muchas otras teorías; pero esa cuestión es la que me sirve de guía en este relato, luego contaré por qué.


Esta premisa se basa en numerosas investigaciones y especulaciones, pero yo me quedo con tres puntos clave:

La relevancia del comportamiento «comunitario» se puede ver en otras especies animales. Actualmente hay 2 casi 10 veces más de pollos de granja que personas en el mundo, sin que el pollo sea una especie que consideremos inteligente. ¿Cual es entonces la clave para su supervivencia?

Esto nos lleva al siguiente punto: la disociación entre éxito individual y éxito colectivo, que creo que no necesita mucha más explicación. Quizá el de los pollos es un ejemplo un pelín exagerado y tramposo, porque su éxito evolutivo es gracias a la dependencia que ha generado en otra especie dominante, que somos nosotros, pero ¿acaso la capacidad de generar dependencia no es una intersante técnica de adaptación?

No quiero extenderme mucho más así que me salto a la última clave: Él exito de una especie no tiene por qué ir emparejado al bienestar de sus individuos. Para esto no cabe duda de que el ejemplo de los pollos es idóneo. También el de insectos sociales como abejas u hormigas, que no tienen problemas en realizar sacrificios individuales por el bien común.

Si trasladamos estos patrones a las comunidades humanas, entran en juego conceptos como pueblos, culturas, clases sociales, religiones, estados… Es fácil observar que se cumplen esos principios. El éxito de una comunidad no tiene por que ir emparejado al bienestar de los individuos por separado.


El ser humano tiene un comportamiento bastante individualista, que probablemente venga dado precisamente por su inteligencia y consciencia de si mismo. Esta separación que una persona es capaz de hacer entre “él mismo” y “todo lo demás” es una manera de apdaptarse y sobrevivir en su entorno. Evidentemente, protegerse a uno mismo es una forma de proteger a la especie, pero no es la única ni necesariamente la mejor.

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Asumamos que el raciocinio del hombre moderno le dicta, mediante el sentido común (en este artículo voy a usar muchos derivados de la palabra común) que tiene que luchar por su propia supervivencia a toda costa. Este es un patrón que vemos en todos los seres vivos: el ciclo de la vida y la depredación. Sin embargo, no parece tan claro que tengamos grabado a fuego en nuestro ADN el bienestar comunitario. Hacemos bastante poco caso al cambio climático, al reciclaje, a qué Tierra van a encontrar nuestros descendientes…

La solidaridad nos es innata hasta cierto punto. Requiere un sacrificio. Que la practiquemos o no, depende del resultado de una simple ecuación: comodidad vs. sentido de culpa. Con personas cercanas nos esforzamos más que con desconocidos. Y entre dos desconocidos, con alguien que hable nuestro propio idioma o viva en nuestro propio país mostramos más empatía que con los que viven lejos. ¿Por qué estamos diseñados así?

La evolución sigue sus propios mecanismos y, como he dicho antes, el éxito individual no siempre implica un éxito colectivo. ¿Puede que estuviéramos equivocados y que otras especies, como el neanderthalensis, murieran, precisamente, de éxito? Es decir, que a lo largo de su evolución, a partir de sus antecesores un poco menos inteligentes, fueron desarrollando una increíble capacidad de adaptación individual (mediante el uso de herramientas) dejando de lado la adaptación comunitaria.

Este uso de herramientas al que me remito no hace referencia únicamente a utensilios de trabajo, sino a ropa, protección, técnicas de cocina, comunicación, etc. Tengamos en cuenta que ante un cambio climático, una especia animal puede tardar millones de añosen adaptarse via evolución genética, transformando su fisionomía a través de mutaciones aleatorias. Un ser inteligente puede hacer lo mismo empleando ropas de abrigo ¡En tiempo récord!

Sin embargo, otra rama de nuestro árbol genealógico fue capaz de perdurar hasta nuestros días. En algo debía ser superior, ¿en inteligencia? ¿en capacidad de adaptación?


Volviendo al principio, repaso la tesis que intenté explorar en este relato: Puede que el Homo sapiens prevaleciera sobre el Homo neanderthalensis debido a su mayor capacidad de actuación en común, y no debido a su mayor inteligencia. Aunque, por supuesto, eso depende de cómo definamos inteligencia.

El sentido de familia, de pueblo, de pertenencia a un grupo, religión o estado puede ser esa pequeña variación que modifica el comportamiento individual, el empujón para renunciar a ciertas libertades personales.

Es cierto que existen otros mecanismos para inducir a los sujetos a comportamiento colectivo. Y los llamo mecanismos porque no se me ocurre otra palabra más adecuada, ya que se sustentan en técnicas conocidas y estudiadas, como la empatía que se potencia a través de las neuronas espejo, o algunos estados de ánimo, emociones, etc que se inducen a través de la acción hormonal. Estas ténicas son observables en casi todos los mamíferos. Sin embargo, esta especie de entrelazamiento mental, que es muy potente en grupos pequeños, se vuelve inútil en poblaciones enormes, de cientos de miles de individuos.

En la serie The Crown hay muchos diálogos que recalcan la diferencia entre La Reina actual, la persona y La corona, como institución.


Harari en Sapiens tambien usa como metáfora conceptos abstractos como empresa, que a nivel legal tiene unos derechos y deberes (diferentes a los de las personas, pero derechos y deberes a fin de cuentas) y que a efectos prácticos se comporta como un ente individual. No voy a decir como un ser vivo, porque queda muy lejos, pero sí podríamos vislumbrar cierta equivalencia con la relación entre las células que forman a una persona y la persona en sí. Un estado, una religión o una empresa no dejan de ser agrupaciones de elementos (personas) que actúan en base a sus propios intereses.

La democracia puede ser un buen ejemplo. Comparémosla con el cerebro humano y sus neuronas. Cada una de las personas que forman un gobierno puede tener sus propias ideas, deseos e inquietudes, pero la acción que al final realiza ese gobierno no tiene por qué coincidir exctamente con ninguno (¡incluso ni con la mayoría!) de sus miembros. De hecho, un país se considera que es el mismo ente cien años antes que después, aunque entre un momento y otro no haya ninguna persona en común.

Esas entidades abstractas son ciertamente útiles en nuestro modelo de sociedad pero requieren un tipo de comprensión mental bastante complejo, que no parece haberse desarrollado completamente hasta la irrupción del sapiens.

El trasfondo personal

Yo tengo un sentido de pertenencia casi nulo. De aquí viene la motivación para este relato 😅 Nunca he sentido entusiasmo por la victoria de un equipo deportivo, ni orgullo por hacer nacido en un país. Siempre he tenido un pensamiento muy racionalista (¿demasiado?) y me ha resultado difícil entender posturas como el sacrificio militar por un país o el fervor religioso.

Elliot me representa: «Todavía no entiendo por qué a la gente le gustan los deportes. Se emocionan con las cosas más raras. Pero veo la belleza de las reglas, el código invisible del caos que se esconde detrás de la cara amenazante del orden.» (Mr Robot)

El libro que mencionaba antes me aclaró muchas ideas difusas que tenía y me hizo comprender la relevancia que ha tenido la irracionalidad en el crecimiento de la población humana.

Si bien me parece innegable que guiarse por unos preceptos religiosos, de los que desconocemos el origen y que no se sustentan en hechos probados sino en la creencia, es completamente irracional, también hay que reconocer juega un papel crucial la estabilización de sociedades heterogéneas.

Quizá las ideas, como entes que son (abractos, pero entes), sigan su propio proceso evolutivo de selección natural. Quizá una religión que no apelara al sacrificio del individualismo no habría perdurado durante tantas generaciones, de la misma forma que un ser vivo extremadamente solitario podría no dejar descendencia por muy buena salud que disfrutara.

La sociedad parece vivir en constante conflicto entre los intereses de las personas y los del grupo, y no pasa nada, ese modelo es perfectamente sostenible. De hecho, parece que es el modelo más sostenible posible a largo plazo, igual que el grán éxito de los pollos como especie, a pesar de la miserable vida que llevan como individuos.

Tenemos aproximadamente un 2% de ADN neandertal y este porcentaje variable. Incluso hay test genéticos que nos pueden indicar el contenido en nuestro caso. Nunca me he hecho alguno, pero sería interesante 😊

La tesis

Con todo esto, ya puedo resumir lo que quería desarrollar en el relato.

Tenía claro que mi protagonista tenía que ser neandertal y quería intentar entrar en su mente. Mi punto de partida es que los homo neanderthalensis eran más puramente racionales que los sapiens. No más inteligentes, ni menos, simplemente quería especular y jugar con cómo podría afectar la capacidad de pensamiento simbólico, en cuanto a esas “ficciones” y entidades “imaginarias” que dan cohesión y estabilidad a las comunidades humanas.

A partir de ahí ya me entretuve en hacer una colección de conceptos y palabras que podría desgranar: familia, tribu, dios, jefe… Todos estos términos, que hacen referencia a conceptos abstractos aparecen redefinidos en el relato desde una perspectiva exageradamente pragmática:

Jefe es el que manda en el pueblo. Jefe no es un hombre o una mujer, es un hueco vacío (…) que a veces ocupa una persona y a veces otra. Quien sea en ese momento responde al nombre jefe, pero no siempre es la misma cara. Yo he visto tres caras distintas dentro de jefe desde que estoy aquí.

Y, ya que el neandertal iba a ser el protagonista quise aportarle mis propias dudas, reflexiones y forma de ver el mundo.

Escritura

No soy un escritor de acción ni de tramas, esa es la parte que más difícil me resulta del proceso de escritura. Sin embargo, en este relato me he centrado casi completamente en las ideas y en el aspecto reflexivo.

No es que haya dejado la trama atrás (o eso creo), pero sí que me he esmerado en que pase a segundo plano y que la secuencia de acontecimientos no fuera demasiado relevante. Por dos razones.

La primera, la que ya he dicho, quería destacar la cuestión de las palabras y conceptos por encima de la historia.

Y la segunda razón no es más que un truco: porque mantener la verosimilitud es tremendamente difícil en un contexto prehistórico del que apenas tenemos datos.

Eso implica un riesgo, el de que la lectura se haga aburrida y, siendo consciente de ello, me parecía que era necesario adornar cada paso del viaje del protagonista con una idea, reflexión o detalle, tal y como a él le deslumbrarían. Eso era lo que quería contar. Pero, evidentemente, el argumento debe estar ahí y ser coherente, aunque se reduzca al mínimo.


Normalmente intento huir de los arquetipos narrativos como el buen salvaje o el viaje del héroe, pero en este caso me he servido de ellos para tener una estructura básica en la que apoyar toda la decoración.

Argumentos universales: tramas y estructuras que se repiten en diferentes épocas, formatos narrativos y culturas. Un buen resumen aquí:

https://aprendercine.com/argumentos-universales-guion-cine/

De esta manera, me parecía que al lector le sería fácil seguir un argumento sencillo que me permitiera el lujo de desvariar e irme por las ramas sin perder demasiado el hilo.

Una última nota sobre el proceso de escritura: el protagonista llama endebles a los sapiens, porque tenían un desarrollo muscular menor. Esto es un guiño a otro relato que escribí hace tiempo, Equilibrio, ambientado en un futuro lejano, pero en el que también conviven dos variantes de humanos. Una que ha evolucionado para adaptarse a la ingravidez del espacio, y otra que ha permanecido en la tierra. Entre ellas se conocen como salvajes y altos.

Contar sin contar

Una dificultad que me encontraba, casi insalvable, era cómo hacer llegar al lector algunos datos básicos, tales como en qué momento y lugar nos encontramos.

Duda metódica

A la hora de resolver estas cuestiones, y destaco la palabra resolver porque me lo planteo como si fuese un problema de ingeniería, siempre viene bien olvidarse de ideas preconcebidas e instintivas y repleantearse la situación. La duda metódica al rescate.

Parto de esta pregunta: ¿qué datos quiero hacer llegar al lector? Respuesta: que el protagonista vive en la península ibérica, hace unos 45.000 años, y viaja desde la costa mediterránea hasta algún lugar de la meseta central. En concreto hasta la Peña de Estebanvela, en la pronvincia Segovia.

¿Qué herramientas tengo? Pues es casi más fácil enumerar qué herramientas no tengo. No puedo indicar fechas, puesto que nuestro calendario no se usaba entonces y no resultaría coherente. Tampoco indicar nombres de lugares, por el mismo motivo. Quizá podría hacer referencia a algún punto de interés o accidente geográfico que fuera universalmente reconocible, pero tampoco veo la manera.

De hecho, intenté documentarme sobre si había algún hallazgo arqueológico que nos haya dado alguna pista de cómo se medía el tiempo en esa época y, al menos, parece que hay indicios de unidades estandarizadas 3 de longitud y peso en el megalítico, pero aún así, a falta de una palabra conocida que pueda conectar al lector y al protagonista, no me sirve de nada.


Así que finalmente renuncio y acepto que la única solución posible a este problema me parece indicarlo en alguna nota extraliteraria, es decir, que no forme parte de la historia en sí. Como un rótulo en una serie de TV, “hace 45.000 años…”. Aunque decido que prefiero dejar caer esa información en una nota final, más que al principio.

Me parece bastante complicado que algún lector pueda averiguar la localización espaciotemporal solo leyendo el relato. Las únicas pistas que he dado son que conviven dos tipos de seres humanos diferentes y que no hay un desarrollo tecnológico. Probablemente el lector piense que se trata de un mundo de fantasía, o incluso de un futuro post-apocalíptico.

Sin embargo, me parece que esta nota al final y no al inicio ofrece un juego: y es que le puede dar la vuelta a la interpretación que se haya hecho mientras se leía. Lo que parecía fantasía resulta que es real, o lo que parecía un futuro desastroso resulta ser el pasado.

Yo lo veo desde el punto de vista del escritor, claro está, pero algunos lectores beta me han dicho que ese juego resulta gracioso. No sé si algún lector tendría ganas de leer dos veces el mismo relato 😅 Pero si alguien llegara a hacerlo, seguramente en una segunda lectura encontrar una interpretación bastante diferente a la primera, únicamente con conocer un dato tan simple como la fecha en que transcurre.

Datos reales y datos inventados

Como ya he contado, a la hora de diseñar este relato no me preocupaba mucho el lugar o época concreta en que transcurriera, aunque como lo quería presentar a una convocatoria que requería alguna relación con una zona geográfica, elegí como destino de mi viajero la Peña de Estebanvela, un yacimiento con restos del paleoítico superior.

Pero mi protagonista vivió mucho antes, probablemente en el neolítico, así que adapté los hallazgos arqueológicos reales a mi ficción.

Imagen de un canto rodado con un grabado que representa un caballo

En dicho yacimiento se encontraron cantos con grabados de animales, como caballos. Sobre la simbología o uso de estas piezas no tenemos ni la más remota idea. Lo que sí podemos imaginar es que los restos que se conservan hasta nuestros días no son más que una parte minúscula que no nos permite más que echar un vistazo al pasado.

Mi ambientación es aproximadamente unos 30.000 años anterior a la datación de esos restos. De tal época los datos de los que disponemos son realmente escasos, lo cual no quiere decir que no se realizaran obras artísticas ni que las poblaciones no buyieran de actividad; simplemente no se han conservado. Entonces es donde entra en juego la fantasía.

Inspirado por esos grabados, imaginé un contexto y una explicación. No voy a contarlos aquí… si no has leído el relato espero no destripar demasiado la historia. El puebo al que viaja Atamai tiene la tradición de realizar sacrificios de animales y grabar sus representaciones gráficas en las paredes de piedra que franquean el río. Sería un rito religioso por el convierten la utilidad perecedera de un bien (un caballo en este caso) en algo permanente.

Este rito simbólico se escapa a la comprensión de Atamai, nuestro neanderthal hiper-racionalista y, a efectos teóricos, quizá tenga toda la razón. En la práctica, si esos ritos sobrevivieron a generaciones, de la misma manera que otros ritos igual de absurdos siguen vigentes hoy día, debe ser porque algún beneficio, aunque sea sentimental, aportaban a quienes los realizaban.

El resto de costumbres de los endebles que presento en el relato también son pura invención, aunque tratanto de atenerme en todo momento a ese contraste: absurdo vs útil a nivel comunitario. Es decir, que de alguna forma pudieran contribuir a que esos pueblos se mantuvieran protegidos de amenazas externas.


También tuve que tener cuidado con otros hechos como el uso del fuego, de la música, el lenguaje y posibles diferentes idiomas, las formas de vida, costumbres, organizaciones familiares, etc.

Para ello estuve documentándome, puesto que esta no es un área que conozca, y traté de dar los mínimos datos posibles para no meter la pata. Aunque me reitero en que ya que es imposible mantener el rigor científico por falta de datos, me di un margen bastante amplio para la especulación.

Las pocas guías que seguís fueron estas:

  • Los neandertales tenían la capacidad de hablar, un sistema fonador casi idéntico al nuestro (4 y 5). La naturaleza no desperdicia nada, así que con casi total seguridad, lo usarían tal y como nosotros lo hacemos.

  • La hibridación genética entre sapiens y neandertales es importante y continua, lo que invita a pensar que pudo haber una convivencia. (6 y 7)

  • Los neandertales una cultura simbólica y la intención de expresarla 8, lo que queda patente en pinturas rupestres, escasas, pero con estructuras esquemáticas que indican cierto capacidad de abstracción.

Y a partir de ahí, todo lo demás es fantasía.

Notas

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